lunes, 25 de julio de 2016

Blanca y radiante


“Por todas las partes de las Indias que yo he andado, he notado que los indios naturales muestran gran deleitación en traer en las bocas raíces, ramos y yerbas… En el Perú, en todo él se usó y usa traer esta coca en la boca, y desde la mañana hasta que se van a dormir la traen sin la echar de ella. Creo yo que algo lo debe de causar, aunque más me parece una costumbre aviciada y conveniente para semejante gente que estos indios son”, especulaba en 1553 el cronista conquistador Pedro Cieza de León, en el clásico Crónica del Perú. La “hoja divina de los incas” casi nunca tuvo buena prensa. Resistida tempranamente por los colonialistas europeos y los hombres de medicina, la coca se incorporó tardíamente a la “revolución psicoactiva” en el naciente capitalismo de los siglos XVII y XVIII. Un período extraordinariamente intenso de expansión global y cambio en el estilo de vida y la conciencia social, alimentado por el consumo de nuevas estimulantes coloniales como el café, el ron, el tabaco, el opio y el intenso chocolate.
Este rechazo hacia la coca comenzó a cambiar para principios de 1800. La botánica, la ciencia de los alcaloides y las nuevas ideas sobre la racionalidad de los indígenas despertaron una aletargada curiosidad por la Erythroxylon coca. El “descubrimiento” europeo de la cocaína alcaloidea en 1860, aislada definitivamente a partir de la hoja de coca por un avanzado estudiante alemán de Química llamado Albert Niemann, terminó con las especulaciones acerca de su vitalidad. Nacía la cocaína científica. Ya sin el velo prejuicioso sobre la planta andina, las últimas décadas del siglo XIX aceleraron de un modo frenético la experimentación con este estimulante “caro y raro” que carecía de aplicaciones prácticas. La droga “moderna” –como la llamó el historiador Joseph Spillane– encontró su función como anestésico local recién en 1884. Los primeros investigadores de la cocaína eran alemanes, rusos y británicos. También descollaron los poco reconocidos peruanos. El joven doctor austríaco Sigmund Freud fue quizá el más famoso de todos ellos. Fascinado por la “magia” de la droga, entre julio de 1884 y julio de 1887, el padre del psicoanálisis publicó los cinco célebres ensayos conocidos como “los escritos sobre la cocaína”.
Mientras Freud experimentaba en Viena, un ignoto químico limeño, Alfredo Bignon, ponía en jaque con sus investigaciones caseras el monopolio de la producción mundial de la nueva “droga milagrosa”, que estaba en poder de dos laboratorios alemanes, Merk y Gehe. Por esos años, el padre del psicoanálisis apenas podía costear la droga, pero el olvidado peruano redujo su costo en cien veces en menos una década y ayudó a que estallara a nivel mundial su uso médico y popular. Esta y muchas historias más dan cuerpo a Cocaína Andina. El proceso de una droga global, el adictivo libro del historiador norteamericano Paul Gootenberg, que abarca más de cien años de historia cocaínica. Desde las primeras investigaciones decimonónicas que lograron aislar el alcaloide hasta la formación de las redes latinoamericanas de narcotráfico que dominaron la segunda mitad del siglo XX; pasando por el boom comercial de los afrancesados vinos de coca Vin Mariani, el crac del mercado global, el frustrado trust estatal peruana y la política prohibicionista norteamericana. No quedan afuera el golpe de Estado contra Allende, la ascensión de la Coca Cola y aun la caída de Pablo Escobar.
Nota de tapa en Radar de Página 12, se lee completa por acá