lunes, 11 de marzo de 2013

Cocaine Blues


                                

Función privada. Es 1983 y el capo colombiano Pablo Escobar Gaviria mira la pantalla concentrado. A su lado, Roberto Suárez Gómez, el Rey de la Cocaína, y su hijo Roby Suárez se ríen sin parar. Los tres disfrutan del video de la película Scarface algunos meses antes de su estreno en Sudamérica. De repente, Suárez Gómez interrumpe la película y dice: “Cómo les gusta tergiversar las cosas a estos gringos. ¿Quién les dijo que Montana era cubano y vivía en Miami? Si acá todos sabemos que mi Tony Montana es paisa y está sentado a mi lado”. Pablo Escobar explota en una carcajada, al igual que Suárez Gómez, quien rápidamente se da cuenta de que también aparecía retratado en la película: no cabía duda de que Alejandro Sosa, el empresario boliviano con contactos políticos y militares que proveía de cocaína al personaje interpretado por Al Pacino, estaba inspirado en él. Al final de la velada, el dúo de capos bromeó sobre la posibilidad de contactar a sus abogados en California para demandar a la Universal Pictures. Cuentan que hasta quisieron cobrar dividendos y regalías por los derechos intelectuales del film de Brian De Palma. Durante aquellos años dulces de la cocaína, Roberto Suárez Gómez llegó a exportar casi dos toneladas de pasta base por día desde sus laboratorios en la Amazonia boliviana. Este monarca del hampa, heredero de una de las familias ganaderas más ricas del país andino, engordó una fortuna pantagruélica alimentada por el narcotráfico durante la década del ochenta. Socio del Cartel de Medellín en sus tiempos dorados, Robin Hood y filántropo del Oriente boliviano, cerebro de la sangrienta narcodictadura de García Meza, íntimo del nazi Klaus Barbie y del Banquero de Dios Roberto Calvi, protegido del panameño Noriega, financiador, junto a la CIA, de la Contra nicaragüense, y hasta sospechado de acordar tête à tête con Fidel Castro una ruta para llevar cocaína hasta las narices estadounidenses. A poco más de una década de su muerte, Ayda Levy, viuda del monarca, de quien se separó en los primeros años de la década del ‘80 al enterarse de que el acaudalado empresario estaba involucrado en negocios non sanctos, dedica El Rey de la Cocaína a desentrañar al hombre de carne y hueso que creó La Corporación, “la General Motors del narcotráfico”.

Nota sobre la biografía "El Rey de la Cocaína". Se lee completa en el Radar de Página 12 por acá