Parto. Salgo. Voy. Viajo. PARAGUAY. Algo de literatura y alguito de aventura.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Blog sobre Crónicas
Las crónicas guerreras de Fogwill
Por Ariel Idez y Nicolás G. Recoaro
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lunes, 15 de septiembre de 2008
Ensayo visual: "Nunca seré un policía"
Canción para un cholita paceña
Creo que nos conocimos en la fiesta de Alasitas mientras compraba un ekeko para ganar fortuna para el año. Me voló la cabeza con su sombrero borsalino y sus siete enaguas mientras haciamos el amor con Lust for life de Iggy Pop sonando en radio Erbol. La noche la terminamos tomando unos tragos en los boliches de La Perez. Nos juramos un viaje al Pacífico, para tomar sol y nadar en las legítimas costas bolivianas. Ah, la suerte del año no pudo ser mejor, sobre todo con las mujeres.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Una crónica de Victor Hugo Viscarra y foto de La Paz
Por unos sucumbés
Una tarde de esas, vísperas de la fiesta del barrio, fui con los muchachos del callejón a ver qué pasaba en el parque Riosinho, donde se celebrarían los actos centrales del festejo. Cuando menos lo esperábamos, estabamos todos los llok´allas frente a una ponchera tomando unos sucumbés que, debido a nuestra falta de experiencia etílica, nos dejaron medio tundiquis en menos de lo que canta un gallo.
Sería media noche cuando llegué a mi casa. A la mañana siguiente me despertó el dolor de cabeza; paso a explicar la causa.
Tras lavarme la cara, fui a la cocina a tomar mi desayuno y noté cierta frialdad de mi madrastra. Como buen entenado, lo atribuí al estado calamitoso en que me había recogido. Terminando el desayuno, bajé al patio para saber de los chismes que mis amigos divulgaban sobre nuestro comportamiento de las vísperas. Allí me enteré que la causante de mi dolor de cabeza no era otra que mi madrastra, la cual, emulando a mi madre, me había golpeado con un palo d escoba y luego me había cerrado uno de los ojos de un sopapo. Sobre la marcha subí a mi casa y, sin darle tiempo a preparar una defensa formal, la increpé violentamente para golpearme cuando ni mi propio padre lo había hecho. Ella se hizo la ofendida y cuando la invité a que volviera a pegarme, de un puñetazo bien aplicado la mande a tierra, sin importarme para nada que fuera mujer.
Demás está decir que el único que perdió fui yo porque, cuando mi padre llegó de su trabajo se armó una discusión tan violenta, que tuve nomás que darle a elegir: la mujer que había traído de la cantina del Arsenal o el hijo que había recogido de la Policía. Mi madrastra se quedó y yo salí con la intención de no volver nunca más.
Mi primera noche en la calle la pasé caminando entre el callejón y las calles adyacentes, tratando de dormir acurrucado en el portal de la casa de un curita, nuestro vecino. No recuerdo qué hice al día siguiente. Como para entonces los que ocupaban el morro de tierra del callejón habían muerto, la segunda noche me animé a ir más allá de la avenida Buenos Aires y Max Paredes. Lo que iba conociendo a medida que caminaba por la zona, no había visto ni en mis más terribles pesadillas; me impresionó de tal manera, que tuve miedo de enloquecer.Víctor Hugo Viscarra
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Algunos recuerdos de un río del Amazonas
lunes, 8 de septiembre de 2008
Paraguay es el próximo horizonte
“Realmente, es mas sano no viajar, es mas sano no moverse, no salir nunca de casa, estar abrigado en invierno y sólo quitarse la bufanda en verano, es más sano no abrir la boca ni pestañar, es más sano no respirar. Pero lo cierto es que uno respira y viaja”.
Roberto Bolaño
Che, tengo ganas de tierra roja. Haré el intento de llegar, vía tren Gran Capitán.