martes, 7 de agosto de 2007

Alguien


ALGUIEN




Alguien, un varón de edad indefinida, se obsesiona con los números y decide llamar con ellos el relato que leemos. ¿Pero qué números elige? Los más institucionales, aquellos que forman su DNI. Otros no lo son en nada: el que le tocó en la carnicería –y donde aguardará para llevarse consigo 864 gramos de asado-, el de la anciana que tiene al lado, el de ese colectivo eternamente repleto –y que, es una propuesta modesta, es preciso incendiar.Una mujer asiste a un recital punk en Barracas, para finalmente convertirse en testigo involuntario de la última revuelta más o menos popular (porque fue protagonizada mayormente por las clases medias: no querían usar la tarjeta de débito) que hubo en Buenos Aires. Son dos relatos los que jalonan este delgado –por las páginas, no por su tapa- volumen del argentino Nicolás García Recoaro, que nació en Buenos Aires en 1979 y trabaja además como periodista. El libro, cuyo título es justamente la cifra, suponemos, de un DNI -27.182.414-, ha sido publicado por Ediciones Yerba Mala Cartonera, con sede en El Alto, la zona más pobre (¿más curiosa?) de La Paz, en Bolivia –y que integra una red latinoamericana de la que también forma parte en Argentina la editorial Eloísa Cartonera.Escritos en un lenguaje franco, por momentos experimental, siempre fresco, los dos relatos dan cuenta de algunos temas comunes: la ciudad de Buenos Aires y la literatura sudamericana (el inevitable Bolaño), la condena por momentos incongruente al menemato (¿no ha sido David Viñas, inspirado en México por el porfiriato, en acuñar el término?), la música internacional, las drogas, la violencia y el sexo. El final del primer relato ofrece todas las virtudes y potencias del narrador: “Aprieto la bolsita de asado contra mi pierna, contra mi carne. Quizás tendría que bajar en la próxima parada y hacer como que sigo siendo esos números. Quizás tendría que dejar de comer carne. Un obrero toca el timbre, esa es la nuestra”.O como cuando la mujer del segundo relato, que ya no es tan joven, descarga su ira contra el mundo, pero más contra Argentina, y recuerda un tatuaje que es un verso, tan surrealista, de la suicidada Alejandra Pizarnik: “la rebelión consiste en mirar una rosa / hasta pulverizarse los ojos”. Para terminar con palabras que muestran una sobria dosificación de elementos explosivos y cotidianos, que es también otro rasgo común en el volumen: “Pedite otro gin, Espita, yo invito".

1 comentario:

dario manuel dijo...

buena forma de hablar sobre literatura, perdón, sobre alta literatura.

Sólo abrazos malevo, sólo abrazos.

ja ja ja

dario manuel