jueves, 26 de julio de 2007

El alma de ALMHA

Para Crispín Portugal, donde estés.
Para el alma de Almha
Me pongo a leer tu libro y el acápite me saca de quicio. “Porque la esperanza vieja y joven contesta siempre a un destino ciego, joven y viejo”. ¿Por qué la vida es tan perra, hermanito? ¿Por qué se van los que valen la pena? Los que son como vos, Crispín. Los que te abren el corazón a los pocos minutos de haberte conocido. Los que siembran en el desierto todos los días (vos y la mayoría de los compadres de la Yerba saben de eso). Quizás porque la vida es perra, y simplemente se empeña en hacernos daño.
Porque en una de esas se la agarra con los que tienen demasiada vida, demasiadas historias que contar, demasiados sueños que cumplir. Porque algo me quedó claro de esos seis meses en el altiplano, alguna vez me lo dijiste, en esas charlas en El Alto, en ese borde que separa a los tipos como vos de los que no tienen pelotas. Era una locura escribir en Bolivia, era metaficcioreal, como te gustaba decir y predicar. Era insano y lo hacías, Crispín, lo hacías y ayudabas a todos los que lo seguimos intentando. Y escribías, hermanito. Y te fuiste como lo que querías ser: un gran tipo, un gran escritor.
Y quedate tranquilo de algo, Crispín. Te lo digo desde estas calles frías de Buenos Aires, esas que algún día vas a conocer, que tus historias van a conocer. Que la Almha va a vengar tu nombre, compadre.
Me quedaste en un pedazo bien grande de mi corazón. Quedate tranquilo a donde andes escribiendo sobre tu gente, sobre esos gritos de la tribuna del catch as can (quizás algún domingo las gradas enloquecidas gritarán Crispín, Crispín, Crispín). Quedate en paz con tus historias y tus sueños, alguna vez me lo dijiste: la Yerba Mala nunca muere. Un abrazo a todos en esos pagos, cuando quieras nos vemos.

Nicolás G. Recoaro