
"La larga fila de visitantes es una serpiente emplumada ante las puertas
del museo. Los controles de seguridad demoran más de lo esperado para
ingresar a un edificio de estilo minimalista y aun indiferente, que ha
museificado para siempre, y cerca del lugar del crimen, al 11-S. Los
turistas hacen cola ya cargados con sus bolsas. Las cargaron en el
Century 21, el shopping –de diseño arquitectónico no muy diferente del
del museo– ubicado en Cortlandt Street. A pasitos del Ground Zero, en el
corazón más frío y frígido del Distrito Financiero. Hipsters del Japón,
empresarios de la India y familias de América latina matan el tiempo de
la espera comentando las proezas sin vértigo de los limpiavidrios sobre
la alta fachada del One World Trade Center. Esta espejada mole, erecta
por el arquitecto David Childs, es el nuevo tótem de la Gran Manzana. La
tarea que tienen por delante estos hombres –migrantes latinos que
arriesgan su vida por un puñado de dólares– es titánica. Hace falta una
paciencia infinita para que brille el rascacielos más alto de esta parte
del planeta, tan cercano a donde se erigían las Torres Gemelas. Desde
la base hasta la punta de su antena espigada, la también llamada
“Freedom Tower” alcanza una altura de 1776 pies (541 metros), en
numerológico homenaje al año de la independencia de los Estados Unidos."
"Lo que queda del día", una nota sobre el Museo del 11S en Manhattan, publicada en Radar. Se lee completa por acá.