lunes, 2 de julio de 2012

La mala hora


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VIERNES, 29 DE JUNIO DE 2012

La mala hora

Damián Cabrera es un escritor, editor y activista paraguayo, autor de los libro Sh... horas de contar... y Xiru. En estos agitados días reflexiona sobre el golpe parlamentario en el Paraguay y sus consecuencias en la comunidad y en la sociedad en general. “Este juicio político no sólo es ilegítimo, sino que es ilegal y por lo mismo constituye un golpe a la institucionalidad y a la democracia.”
Por Nicolás G. Recoaro

¿Cómo viviste la destitución de Fernando Lugo?

–Por una vez, ahora que estoy en Asunción, me tocó vivir la experiencia de las movilizaciones no como espectador que recibe de forma pasiva el relato de los medios corporativos de comunicación, sino desde las plazas con la gente. Viendo las cosas desde ahí, y conociendo los antecedentes de la lucha por la tierra que desencadenaron la masacre de Curuguaty y el pedido de juicio político a Fernando Lugo, asumo que el discurso de los medios de comunicación privados estuvo en función de intereses políticos de la derecha, representada por el Partido Liberal, el Partido Colorado, el Partido Patria Querida y el Unace –del varias veces golpista Lino César Oviedo—. La manifestación pacífica en la Plaza de Armas, frente al Congreso, fue representada como llena de “disturbios” y “actos de violencia”, y se insistió repetidas veces en la presencia de francotiradores en los edificios circundantes. La gente que no estuvo en las plazas se quedó con ese relato. Mucho más vulgar: luego de la represión policial para permitir el ingreso de Federico Franco al recinto con el objeto de jurar como presidente, y luego del juramento de éste, en los canales privados de televisión se transmitió –de un modo que yo asumo ofensivo– la programación comercial habitual (el reality Rojo el valor del talento, ShowMatch de Marcelo Tinelli, películas de terror, vedettes, etc.). Para los medios privados de comunicación todo seguía su curso normal, mientras que Christian Vázquez, jefe de prensa del vicepresidente Federico Franco, irrumpió de manera prepotente en la TV Pública, dirigida hasta entonces por el reconocido cineasta paraguayo Marcelo Martinessi, solicitando la grilla de programación, entrando en la misma sala de control, el corazón de la TV Pública, averiguando cómo se quita del aire el canal. Christian Vázquez preguntó además, puntualmente, por uno de los programas más exitosos del canal estatal, Micrófono abierto, que es un espacio en el que la ciudadanía se expresa libremente, generando algo que los medios privados de comunicación no tienen la capacidad o el interés de hacer, que es incluir la voz de la audiencia.

¿Qué pensás del juicio exprés que se utilizó para destituir a Lugo?

–Si la legalidad hace a los ropajes jurídicos de un procedimiento, la legitimidad da cuenta de la naturaleza fundada de una acción. La ley y la forma de aplicación de la ley son inseparables, por lo mismo toda ley cuya naturaleza y procedimientos son arbitrarios no sólo es ilegítima sino también ilegal, porque la legitimidad y la legalidad no pueden excluirse mutuamente. Este juicio político no sólo es ilegítimo sino que es ilegal, y por lo mismo constituye un golpe a la institucionalidad y a la democracia en Paraguay.

¿Y la Parada por la Igualdad que se desarrollará este sábado en Asunción redobla la apuesta en este marco de quiebre institucional?

–La Parada de la Igualdad no se suspende. Algo interesante de esta edición es que es una Parada de la Igualdad Lésbica, Gay, Bi, Trans pero también Heterosexual, porque la idea es que la lucha sea cada vez más inclusiva para todxs. Cuando posteé en el evento del Facebook que iba a participar, mi mamá escribió en mi muro los siguientes versículos bíblicos: Romanos 1: 2632. Estamos en un momento de escisiones familiares que tienen que ver con la política y con lo político. Muchas familias están viendo la manera de administrar su vergüenza frente al último golpe. Ante las dudas acerca de si se realizaba o no la Parada, Simón Casal, de la organización Somosgay, dijo “estamos del lado de la democracia, del respeto de la voluntad popular, no vamos a reconocer a un presidente golpista que ya ha declarado que las personas lgtb no somos humanas y que no nos merecemos derechos como tales”.

En el Paraguay de Lugo, ¿qué ocurrió respecto de los derechos lgbt?

–A la gente le cuesta reconocer algunos cambios por diversas razones, y una de ellas es el programa de la mayoría de los medios de comunicación privados que, por un lado, deslegitima ciertas luchas y por el otro autoriza ciertos discursos. Seguro que pasa con muchos medios en todo el mundo, pero no sé si en algún lugar es tan grosero como en Paraguay. Recuerdo el titular del periódico ABC “Lugo dice que no hay presupuesto para el gasto social”, y ponen una foto del presidente en una Harley Davidson, o muestran a Lugo con los puños cerrados, con circulitos rojos resaltándolos. Algo que ha cambiado es el discurso, y algunas acciones puntuales, que pueden parecer insignificantes pero que tienen un peso de sentido muy fuerte. Por ejemplo, la SAS (Secretaría de Acción Social) contrató a la primera funcionaria trans del Estado paraguayo. Además hubo un proyecto impulsado por el MEC, que es el Marco Rector Pedagógico para la Educación Integral de la Sexualidad, que sería una oportunidad increíble para la inclusión en el aula de discusiones en torno de las sexualidades diferentes y las familias diferentes, que en Paraguay son muchas. Lastimosamente este proyecto ha sido frenado por la presión de sectores conservadores y fascistas de la Iglesia Católica y otras iglesias cristianas principalmente.

Contame un poco de dónde viene esa concepción “trans” que expresás a la hora de “definir” tus relatos.

–El nombre “trans” lo pone a uno en un terreno ambivalente, ya sea cifrado en el género o en los usos creativos, por ejemplo, de la lengua o de las lenguas por las que el sujeto se ve atravesado y que también le marcan el cuerpo. En todo caso, poder cruzar fronteras de género, fronteras lingüísticas, a la hora de escribir, me excita mucho.

¿Y esa concepción tiene que ver con la geografía mestiza e híbrida que implica vivir en la frontera?

–Seguro que sí. Una de las representaciones que se hace de Ciudad del Este es la de una ciudad-mercado caótica y violenta donde no hay intersticios para ser o hacer otra cosa que no esté relacionada con la compraventa de artículos electrónicos. Pero Ciudad del Este, y todo el departamento del Alto Paraná, es un escenario de cartografías superpuestas, territorialidades que coexisten, con distintos niveles de tensión; es lugar de tránsito de grupos sociales de diversas nacionalidades, y el espacio donde diversas subjetividades pulsan por consolidarse, disputando su derecho a ser, pero también mezclándose prolíficamente.

Y ese cruce también se plasma en el cruce de lenguas con el jopará, el guaraní mezclado con el castellano y el portugués....

–Las fronteras lingüísticas, como las políticas, geográficas, etcétera, son porosas. Ahora, me pregunto ¿dónde tiene un cuerpo su frontera?

La palabra “xiru” que da nombre a tu novela está relacionada con esos cruces.

–Xiru es una palabra portuguesa de origen guaraní, polisémica, porque quizá se trate de varias palabras homófonas, o una misma palabra en distintos momentos, con sucesivas transformaciones semánticas: amigo, padre, indio, mestizo, ladino, y en la escena fronteriza neocolonial es un apodo-gentilicio que significa “paraguayo”, en un tono que puede ser muy despectivo y xenófobo. En Paraguay, entra a constelar con una expresión sinónima del guaraní paraguayo, che iru, que significa “mi compañero, mi amigo”. Entonces es una palabra sumamente ambigua; sentidos dobles que transitan una misma lengua en direcciones opuestas generando tensión. Es por eso mismo una palabra hermosa. Y también, por metonimia, es mi propio apodo.

¿Cómo encaja la cuestión de las identidades en tus libros?

–Me gusta que en algún punto del texto el discurso narrativo se quiebre y abra paso a otro registro, por ejemplo, a una voz poética. Yo hasta me imagino al sujeto de esa voz: un nenito putito que salta por ahí cantando, aunque confieso que es una voz que quiero reprimir, pero, como decía, en algún punto la voz se quiebra y delata a ese sujeto perverso que se asoma, se muestra por un instante, como el reverso del otro, el narrador. En mi novela Xiru, unos chicos que transitan la adolescencia lidian con lugares y hechos vinculados al Luisón, un personaje mitológico que según la leyenda es el séptimo hijo varón que por las noches se convierte en lobo para revolcarse entre las tumbas de los cementerios. Es una metáfora muy fácil del sujeto que lleva una doble vida, como una maldición secreta o un deseo al que sólo puede dar rienda suelta en la oscuridad de la noche donde puede mostrar su verdadera faz, o una de sus fases verdaderas. Y por otra parte están las tensiones que se generan en el espacio fronterizo y colonial donde las, a veces, reconocidas “identidades previas” aparecen en confrontación con una autoridad colonial, y surgen sujetos híbridos que podrían fracturar el caparazón de las identidades clausuradas volviéndolas flexibles.

¿Cuán cerca te sentís del universo lgbt y la militancia?

–Pertenezco al universo lgtb, pero creo que me encuentro un poco lejos de una militancia organizada, y especialmente de los lugares visibles; no porque no me sienta identificado, sino porque en el Alto Paraná este tipo de activismo es inexistente. Pero creo que mi participación en algunas causas se da desde lugares menos audibles. Cuando en 2010 se realizó en Ciudad del Este la primera “Marcha por la familia y por la vida”, contra el matrimonio igualitario, el aborto y el derecho de adopción por parte de parejas del mismo sexo, con un grupo de amigos realizamos una lectura pública de cuentos en los alrededores del Lago de la República. Era imposible en una escena altisonante gritar más fuerte, pero algunos pequeños gesto pueden instalar fisuras, ¿no?

Hay una historia muy pesada de violencia en el Paraguay contra el colectivo lgtb, que nació con la dictadura de Stroessner y que se reproduce en la actualidad.

–Aquel que visite los baños de Paraguay, si se fija en las murallas de todas las ciudades y pueblos, seguramente se encontrará con una inscripción: “108” o “puto 108”. Ahora, por ejemplo, cuando se enumeran personas, nadie quiere que le toque el 108, es un número maldito. En el año ’59, un conocido locutor de Asunción murió calcinado. Como se sospechaba que era homosexual, desplegaron un rastrillaje que terminó en el arresto de 108 personas “sospechosas de homosexualidad” a las que luego de torturas se les obligó a desfilar semidesnudos y con el pelo rapado por un colegio católico de la capital y por el centro de la ciudad. Además, se elaboró una lista con el nombre de todas estas personas que fueron distribuidas por medios de comunicación y pegadas en lugares públicos. Fue la muerte social de estas personas. Hoy hay testimonios terribles de abuso sexual, agresión y discriminación, totalmente impunes, y creo que los principales proveedores de argumentos que podrían justificar esta violencia son las iglesias cristianas, y en especial la Iglesia Católica.