jueves, 23 de octubre de 2008

Reseña Yerba Mala y Festival de cine

Festival en Donaire (Sanchez de Bustamante y Humahuaca) Capital Federal.

Sábado 22 de Noviembre
21.30 hs "Humillados y ofendidos", de Javier Horacio Alvarez, César Brie y Pablo Brie (Bolivia, 2008, 48 min.)

22.30 hs "Cholita paceña", de Colectivo 7 (Bolivia, 2008, 20 min.).

23 hs "Yerba Mala", de Colectivo 7 (Bolivia, 2008, 66 min.).

Yerba Mala: la rebelión de los invisibles

Por Facundo García (Página 12)

La figura del escritor se ha convertido en una caricatura mediática. Un maniquí de polera negra, barba y lentes que certifican su condición de inteligente o sagaz. Pues bien: en esta película no aparece ni uno de esos engendros. Porque “Yerba Mala” es una expedición a las entrañas sudamericanas; pero también a las profundidades de la literatura de verdad, esa que saca su tinta de la vida y no de la publicidad o del márketing.
En el Alto –la ciudad más joven de Bolivia-, dedicar horas de trabajo a las letras significa trocar comida, vestimenta y techo por la necesidad íntima de creer que alguien va a apasionarse con esas palabras que salen desde el fondo del alma. Así es como a cuatro mil metros de altura cierta cofradía de narradores lleva adelante una editorial cartonera. Un cálculo sencillo basta para entender el rol que cumplen: el sueldo básico de allá es de quinientos bolivianos, mientras un libro sale más de cien (y no los compra casi nadie, obviamente). En consecuencia, estos quijotes venden sus poemarios, colecciones de cuentos y novelas a sólo cinco mangos. Y emociona ver cómo su puesto en la feria se llena de laburantes contando moneditas.
Por supuesto que mantener la movida no es sencillo. Especialmente cuando –como lo muestra este documental- las multinacionales operan en contra de cualquier irreverencia. Entonces la soledad del escritor andino se torna mucho mayor. Es más: es toda la literatura boliviana la que está aislada; minusvalorada por élites que, montadas sobre el mercado o sobre un cinismo masturbatorio, establecen qué es lo oficial y qué es lo alternativo. Lo que hacen estos morochos no cabe en esas mezquindades. Brota de un compromiso que quema las vísceras y que a veces –como lo demuestra el reciente suicidio de Crispín Portugal, la última voz que se escucha en el largometraje- puede abrir compuertas inesperadas.
El Colectivo 7 se pasó ocho meses en la zona del Alto: los artistas entrevistados terminaron siendo viejos conocidos. A partir de ese cariño, se convirtieron en guías para perderse entre los ómnibus de aquellas periferias, en médiums para contactarse con los demonios de La Calle de los Brujos y en presentadores de los insólitos espectáculos de lucha libre que hace tiempo protagonizan las cholitas más guerreras.
¿Para qué el arte? ¿Para quién? ¿Qué es la cultura? Esas y otras preguntas merodean por este trabajo, en el que la ficción se entremezcla con la realidad y consigue arrancarle susurros de esperanza.

martes, 7 de octubre de 2008

Crónica social de un kurepa en Paraguay

Renacer viajó a Asunción para hacer un balance de los primeros meses de gobierno de Fernando Lugo. Reforma agraria, Itaipú y la deuda social.

El micro cruza el territorio paraguayo de este a oeste; de Ciudad del Este a la capital Asunción. Las chiperas suben al bus cada veinte kilómetros y ofrecen pan y chipa a mil guaraníes (poco menos de un peso) la pieza. La ruta atraviesa los campos cubiertos por un mar de soja transgénica, ese “yuyo maldito” o “cereal milagroso” –según quien lo adjetive- que se reproduce en las ricas tierras paraguayas con la misma fuerza que las carencias de los campesinos guaraníes. “Todo esa tierra era monte. Ahora es soja de unas pocas familias”, me confiesa Guido, un campesino que viaja a Asunción para visitar a uno de sus hijos. “Negociados del Partido Colorado, chera´a (compadre). Arreglos con patrones y terratenientes brasiguayos. Estamos esperando la reforma agraria, chera´a. El campesinado no aguanta más”, explica antes de bajarse en la terminal de buses de Asunción.

La primavera en la capital es húmeda y calurosa. “Mucho calor, chera´a. En los años de Stroessner estaba prohibido decir que la temperatura estaba por arriba de los treinta grados. Cuestiones psicológicas para tener tranquilo al pueblo”, explica un cambista en pleno centro de la ciudad. El termómetro social y político paraguayo parece que supera largamente esa temperatura ideal. Las tapas de los principales diarios destacan que en el encuentro anual de productores agropecuarios se criticó con dureza la posibilidad de una reforma agraria y advirtieron sobre la formación de guerrillas campesinas. “Pido a Dios que no tengamos que convertir las máquinas agrícolas en tanques”, arengó un empresario del sector. Ningún matutino habla de las fuerzas paramilitares de los terratenientes ni de del proyecto de ley sobre agrotóxicos frenado en el congreso. Es que desde hace varias semanas, los barones sojeros andan temerosos de los cambios en las leyes de tierras que se viene impulsando desde el joven gobierno del ex obispo Fernando Lugo.

Con menos de 100 días en el Palacio López – la casa de gobierno paraguaya-, Lugo ya tuvo que apagar unos cuantos incendios: intentona golpista, renegociación de los contratos por la represa de Itaipú y levantamientos campesinos. Paraguay cambia. Es que el triunfo de abril pasado de la alianza variopinta encabezada por el ex cura tercermundista puso fin a casi 61 años de predominio del Partido Colorado- incluyendo los 35 años en el poder del feroz dictador Alfredo Stroessner- y dio un certero cross a la mandíbula del corrupto arco político paraguayo. Sin embargo, el aparato del Partido Colorado y sus nichos de saqueo y corruptela todavía siguen funcionando en buena parte del país. “Imagínese que tengo 40 años y no tuve un presidente de otro partido. Esto va a llevar su tiempo, pero confiamos en el presidente Lugo”, explica el cambista mientras agita varios billetes frente a su cara para frenar el calor corporal.

Dictaduras, amiguismo disfrazado de populismo, asesinatos, desapariciones, alianzas con Washington y neoliberalismo fueron algunos de los trajes que supo calzarse el Partido Colorado durante sus seis décadas en el poder. El atraso económico, político y cultural que condenó a la pobreza a la gran mayoría del país –con una población de siete millones de habitantes de los cuales un millón tuvo que migrar al exterior para sobrevivir- es la herencia colorada que dejó al Paraguay al rojo vivo. “Vivíamos en el interior, pero como no hay trabajo ni tierra acá estamos”, me cuenta Carlos, un campesino devenido en cartonero que vive en La Chacarita, una barriada popular ubicada a pasitos del histórico Cabildo y El Palacio López.

Asunción es una ciudad donde los extremos viven pegados como vecinos indeseados. Las barriadas y villas miserias se cuelan entre los muros y alambrados de los shoppings con aires de Miami. La parafernalia y la grandeza de sus caserones sacados del film “Lo que el viento se llevó”, los lujosos autos importados y los mercados opulentos de ropas gringas se pierden en la inmensidad del barroco chaperío de la barriada popular, el pie descalzo guaraní y el tereré que ayuda a estirar la jornada. “Hay vientos de cambio. Nada puede ser peor a la corrupción que vivía el país”, dice entusiasmado José, un joven escritor paraguayo, mientras compartimos un cocido cerca del popular Mercado 4.

Lugo avanza cauteloso en sus decisiones. Juega un partido donde buena parte de los jugadores de su equipo todavía creen que visten la casaca colorada. Ya tuvo varios goles en contra: intentona golpista, aprietes de los terratenientes y problemas por su minoría en el parlamento. Pero también ha hecho buenos avances: investiga los crímenes de la dictadura, prohibió la compra de tierras fronterizas a extranjeros, renegocia el precio de la energía que le compra Brasil en Itaipú (vergonzosamente el país guaraní le subsidia la energía eléctrica a la quinta potencia del mundo) y anunció importantes mejoras en la salud pública y las jubilaciones. La reforma agraria y garantizar los derechos de los sectores más olvidados del país (campesinos e indígenas) todavía son deuda pendiente.

Por algo se empieza, aunque sea por la ética de no meter la mano en el bolsillo del pueblo. Si después de tantos años de corruptela y opulencia colorada si hasta sorprende que el presidente haya decidido no habitar la lujosa mansión presidencial. Dicen que Lugo sigue viviendo en su pequeña pieza del barrio de Lambaré, entre biblias y tererés, y que cada tanto se reza un padrenuestro para ganar fuerzas. Hay que ver si Tatita le hace la gauchada y le da una mano.

Por Nicolás G. Recoaro – Desde Asunción del Paraguay

viernes, 26 de septiembre de 2008

Vamonós a navegar al Paraguay



Parto. Salgo. Voy. Viajo. PARAGUAY. Algo de literatura y alguito de aventura.

Blog sobre Crónicas

La primera entrega del seminario sobre cronistas latinoamericanos

Las crónicas guerreras de Fogwill


Por Ariel Idez y Nicolás G. Recoaro


A los efectos de universo del marketing en el que se desenvuelve con destreza, Rodolfo Enrique Fogwill ha devenido Fogwill a lo largo de los años y en ese nombre musical y de resonancias anglosajonas ha cifrado una de las obras con mayor personalidad en las últimas décadas de la literatura argentina. Fogwill nació en 1941 y en 1965 egresó de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, donde fue profesor titular. Investigador especializado en comunicaciones y publicitario (creador de los míticos horóscopos de chicles Bazooka) es también el autor de algunos relatos y novelas imprescindibles de las últimas décadas como La larga risa de todos estos años o Vivir afuera.

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lunes, 15 de septiembre de 2008

Ensayo visual: "Nunca seré un policía"




Fotos de las fuerzas del orden andinas. ¿Hay algo raro con los uniformes en el altiplano? Ensayo visual breve sobre la policía boliviana en La Paz, Tupiza y Cochabamba. Prometo extenderme en un ensayo que estoy escribiendo sobre los últimos días de Butch Cassidy en el país. Pronto habrá novedades.

Canción para un cholita paceña


Creo que nos conocimos en la fiesta de Alasitas mientras compraba un ekeko para ganar fortuna para el año. Me voló la cabeza con su sombrero borsalino y sus siete enaguas mientras haciamos el amor con Lust for life de Iggy Pop sonando en radio Erbol. La noche la terminamos tomando unos tragos en los boliches de La Perez. Nos juramos un viaje al Pacífico, para tomar sol y nadar en las legítimas costas bolivianas. Ah, la suerte del año no pudo ser mejor, sobre todo con las mujeres.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Una crónica de Victor Hugo Viscarra y foto de La Paz


Acordionista en La Paz (Por N.G.R., 2003)

Por unos sucumbés

Una tarde de esas, vísperas de la fiesta del barrio, fui con los muchachos del callejón a ver qué pasaba en el parque Riosinho, donde se celebrarían los actos centrales del festejo. Cuando menos lo esperábamos, estabamos todos los llok´allas frente a una ponchera tomando unos sucumbés que, debido a nuestra falta de experiencia etílica, nos dejaron medio tundiquis en menos de lo que canta un gallo.

Sería media noche cuando llegué a mi casa. A la mañana siguiente me despertó el dolor de cabeza; paso a explicar la causa.

Tras lavarme la cara, fui a la cocina a tomar mi desayuno y noté cierta frialdad de mi madrastra. Como buen entenado, lo atribuí al estado calamitoso en que me había recogido. Terminando el desayuno, bajé al patio para saber de los chismes que mis amigos divulgaban sobre nuestro comportamiento de las vísperas. Allí me enteré que la causante de mi dolor de cabeza no era otra que mi madrastra, la cual, emulando a mi madre, me había golpeado con un palo d escoba y luego me había cerrado uno de los ojos de un sopapo. Sobre la marcha subí a mi casa y, sin darle tiempo a preparar una defensa formal, la increpé violentamente para golpearme cuando ni mi propio padre lo había hecho. Ella se hizo la ofendida y cuando la invité a que volviera a pegarme, de un puñetazo bien aplicado la mande a tierra, sin importarme para nada que fuera mujer.

Demás está decir que el único que perdió fui yo porque, cuando mi padre llegó de su trabajo se armó una discusión tan violenta, que tuve nomás que darle a elegir: la mujer que había traído de la cantina del Arsenal o el hijo que había recogido de la Policía. Mi madrastra se quedó y yo salí con la intención de no volver nunca más.

Mi primera noche en la calle la pasé caminando entre el callejón y las calles adyacentes, tratando de dormir acurrucado en el portal de la casa de un curita, nuestro vecino. No recuerdo qué hice al día siguiente. Como para entonces los que ocupaban el morro de tierra del callejón habían muerto, la segunda noche me animé a ir más allá de la avenida Buenos Aires y Max Paredes. Lo que iba conociendo a medida que caminaba por la zona, no había visto ni en mis más terribles pesadillas; me impresionó de tal manera, que tuve miedo de enloquecer.

Víctor Hugo Viscarra. En "Borracho estaba, pero me acuerdo" (Editorial Correveidile).

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Algunos recuerdos de un río del Amazonas




Algunas fotos que saqué hace algunos años en el amazonas boliviano. Siete días en un barco por el Río Mamoré.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Paraguay es el próximo horizonte

“Realmente, es mas sano no viajar, es mas sano no moverse, no salir nunca de casa, estar abrigado en invierno y sólo quitarse la bufanda en verano, es más sano no abrir la boca ni pestañar, es más sano no respirar. Pero lo cierto es que uno respira y viaja”.

Roberto Bolaño

Che, tengo ganas de tierra roja. Haré el intento de llegar, vía tren Gran Capitán.

Gran viaje en semilla.


martes, 12 de agosto de 2008

Nerca

Relato "Nerca", incluído en el libro "27.182.414" (Editorial Yerba Mala Cartonera, 2007)


NERCA

A no ser que te lo quieras llevar en una bolsa de residuos o en un cacho de diario. Otra cosa no me queda. Fijáte si te sirve, Canopla. Además, hace un calor de la puta madre en la calle, se te va a pudrir y te vas a quedar con las ganas. Mirá que no sé donde vamos a encontrar otro igual.

Dale, quedáte. Nos hacemos unos drinks y escuchamos la radio. Ése es mi poyo. Tiráte en el sillón mientras te armo el fernecito. ¿Noventa dos diez, no?

Sabes que ayer anduve pensando en todo esto de la nerca, en cómo nos quedamos pegados sin darnos cuenta. Porque lo nuestro no es una simple adicción como la que puede llegar a tener un falopero o un catorce, lo nuestro guarda cierto costado ético, te diría más, lo nuestro es un servicio a la comunidad, una suerte de altruismo pragmático. Porque, aunque vos no lo creas, el día de mañana nos van a reconocer todos estos años de andar cargando fiambres de un lado para el otro. ¿Te imaginás? A Canopla por los servicios prestados a la Nación Argentina, y todas esas paparruchadas en un monolito en pleno Barracas, cerca del Riachuelo donde tiramos las piernas el otro día.

Está de diego el fernando. Hermanito, sabes que andaba pensando algo raro esta mañana, mientras le daba con el serrucho al cuerpo del milico. Por ahí vas a pensar que me estoy poniendo flojo, que los años me están poniendo medio amanerado, que sé yo.

Canoplita, no quiero matar más, quiero pegarme el palo por un tiempo, limpiarme la mente de tanta sangre, de tantos años de andar laburando en esta mierda, hacerme chiquitito y guardarme en uno de esos sobres número cinco y pegar una estampilla y mandarme al Tibet o a Villa La Angostura para hacer otra vida, para no sentir esas heridas de la espalda, esas quemaduras de las manos; pero antes, como todo grande, darme el último festín, agarrar a uno de los gordos, a esos que venimos soñando desde el 76, darle una buena paliza y armar una buena festichola con los muchachos de la asociación. Si hasta el Gordo Sanguche se va a emocionar cuando le tenga la tripa cocida de uno de esos hijos de puta que le dieron picana en algún sótano. Porque esos hijos de puta andan sueltos ¿Qué te pensabas? Que estos tipos se iban a pegar el palo después de lo de Malvinas y del juicio, nunca compadre. Los conchudos se guardan como los osos en el invierno, se camuflan de superados, se rezan un padrenuestro y aparecen como el abuelito de Heidi en la revista del domingo. Estos tipos se están reorganizando y ahí es donde entramos nosotros. El pueblo tiene que darse cuenta que hay tipos como vos y yo que les estamos cuidando la quintita. Gracias a que nos cargamos con un par de fiambres al mes, la familia sana y argentina puede dormir tranquila, sin miedo a que estos tipos les copen el rancho y quieran limpiar el ispa.

Limpieza, extirpar el tumor, cortar los yuyos, llamalo como quieras. A mi me gustó como lo tituló el diario de García cuando nos chupamos a ese otario de Caballito, ese que tenía gusto a pollo. ¿Cómo se llamaba? Bué… no importa, la cosa que en el diario nos clavaron “A sangre fría”, como el título de la novela de Capote - y ojo que los dos lavatapers gringos del libro se cargaron una familia por menos de cuarenta dólares -, lo nuestro es distinto, lo nuestro es por revisionismo histórico. No somos como esos perejiles progres que lavan culpas del pasado reescribiendo aquellos años. Nosotros somos tipos de acción, Canoplita. ¿O ya te olvidaste como se ensañaron con tu hermana en el chupadero? Como se la deben haber picaneado en el pozo de Castelar, y nosotros corriendo de una punta a otra de la Capital, como gitanos parias, llevando la valija con la pilcha y los libros prestados. ¡Pero que libritos! Bakunin, Conti, Ginsberg, Engels, de todo papá, lo mejor. Todavía debe andar dando vuelta ese librito de bolsillo que me había dado tu jermu, el de la copilación de los cuentos de Cortázar, ese que me calzaba justo en el bolsillo del jean. Eso era lo más, hermano. Uno podía andar con el libro de acá para allá y nada de andar cargando el broli en la mano. Como que se hizo parte mía, como una pierna más. Era cosa de levantarme, calzarme el jean, la remera, las botitas de cuero que me había comprado mi abuela en Mar del Plata y el libro de Cortázar.

Los cuentos no eran gran cosa, pero había uno que me daba vuelta, lo leí como ochocientas veces durante el verano del 77. Era ése del boxeador, ¿Cómo se llamaba? La puta madre que me parió, ya no me acuerdo de nada. Mira que tenía buena memoria cuando era pibe. Los curas me hacían memorizar las canciones y los rosarios y yo los repetía en dos patadas, pero como que después de que me chuparon la cabeza se me partió en mil esquirlas, y hay cosas que borré, hay cosas que no puedo retener, cosas importantes, Canopla.

Bue..ya va a venir. Ése del tipo que anda postrado en un hospital, el boxeador de Mataderos, mirando el techo y recordando los años en que era guapo y malevo y se cargaba a cualquier gil que le ponían adelante. Lo loco era que al tipo se le notaba un cierto aire de melanco, hasta de bronca, Canoplita. Mira como es la vida: el tipo más poronga largaba todo eso desde una cama de hospital, olvidado, como terminan los grandes, y además al tipo le molestaba eso de estar acostado y mirar el techo porque le hacía acordar a la última pelea. Debe ser raro eso de andar despatarrado después de una buena ñapi y saber que no podés más, que hasta ahí llegaste. Algo de eso me anda pasando, compadre.

¡Que cumbia ésta, compadre! Haceme el favor, poné la radio al taco. Colombiana, debe ser de Colombia, escucha la letra. ¡Se me van a olvidar! ¡Eso! La vida que vive de ese recuerdo parido a balas ¡Cuando no éste, recuerden que el odió partió con mi muerte! Y es así, hermano. Por ahí, en un par de meses sea sólo un fantasma, por ahí vos volvés a lo tuyo, dale, no te hagas el boludo, si querés volver a lo de la docencia, pegále para adelante, Canopla. Si era eso lo que te tenía vivo, después de todo, un poquito de pensar en vos no te va a venir mal. Si los años curaron las heridas, bah...eso es lo que creen.

Sabes que el otro día, cuando le estábamos dando maza al Tigre, se me vino de apuro una imagen, justo cuando le estábamos cortando el cuello se me apareció como una película con caras de gente que no recuerdo, pero que estuvieron ahí conmigo en el pozo, una atrás de otra, justo cuando la sangre del milico goteaba del cuello. Por ahí es como la historieta de los mapuches. El gordo Sanguche una vez me contó que los mapuches leían el futuro en la sangre de los caballos y las vacas que se manducaban, una especie de gualicho, que sé yo. En una de esas el destino quiere decirme algo, quiere que pare, que me haga un poco humano, que me busque un laburo y una mina; que me haga la casita en la costa y me deje de hinchar las pelotas con el pasado. Pero no puedo Canoplita, hasta que no me cargue al último hijo de puta que nos jodió la vida no paro. Ya sé, ya sé, hermano. Perdoname, digo pavadas. Por ahí me quedé en lo de la política y la militancia, que Perón o muerte, que viva la Federación, que la mar en coche. Sabes algo, me voy al biorzi. No te jodo más hermano, llevate la nerca tranquilo. Mañana es otro día y hay que trabajar. ¿A las cinco y media te paso a buscar? Esperáme listo, a ver si no nos dejan entrar en el matarife. Ya sabes como está el Turco desde que entran menos vacas en Liniers.

Te tiro la última y te dejo en paz, hermano, así te podes ir a hacer la cena. Con todo esto de la inflación, el tipo del mercadito me pidió si le podíamos conseguir unos cortes baratos, alguno de yapa, para revender en el local. Pensé en el Almirante, ese que está guardado en la casita de Belgrano. Fijate si podes pensar en como entramos por el jardín de atrás. Andá tranquilo, esto de manducarse a los fachos me deja con el cuerpo a la miseria, como que me carga de un odio, pero ya voy a poder parar, ya vamos a parar.

jueves, 7 de agosto de 2008

Antología narradores latinoamericanos


El link que les adjunto los llevará a la flamante antología "El futuro no es nuestro: Escritores de Latinoamérica", un mapa nuevo, un eslabón distinto en la cadena de generaciones después y después y después del Boom.
El prólogo a cargo del antologador, el escritor peruano Diego Trelles, está muy interesante.
Antología link

martes, 5 de agosto de 2008

Entrevista María Galindo en el SOY


ENTREVISTA > MARIA GALINDO EN EL soy de Página 12

Orgullo de incomodar

Escritora, socióloga, activista, María Galindo es el alma que respira detrás de Mujeres Creando, una organización autónoma que cuenta con la creatividad y la intervención callejera como principal herramienta. Radical hasta la irritación, esta mujer lesbiana no encuentra alianzas entre gays pero sí entre “indias y putas”, con quienes comparte la rebeldía.

Por Nicolás G. Recoaro, desde La Paz

¿Cómo encaja la cuestión de las identidades sexuales en las luchas feministas de Mujeres Creando?

—Las primeras que hemos planteado la apertura de la discusión en torno de la condición lésbica y la homosexualidad en Bolivia hemos sido nosotras, y por eso hemos tenido que pagar la factura más cara. En el ’92, cuando comenzamos con Mujeres Creando, mucha gente nos decía que nos ahorremos problemas, que no nos compremos enemigos en forma gratuita, que no toquemos el tema lésbico porque se iba a reducir el movimiento. Pero plantear estas cuestiones era abrir caminos, interpelar a la sociedad toda en un tema que era tabú.

¿Y cómo se interpela a una sociedad tan conservadora como la boliviana?

—En Bolivia se ha impuesto una visión absolutamente liberal, o mejor dicho neoliberal, que intenta manejar las identidades como cubículos separados, rígidos y fijos. Entonces se habla de lesbianas por acá, campesinas por allá, viejas más allá, madres y jóvenes por otro lado. Entrar en ese juego, en el que todos los movimientos sociales de Bolivia y Latinoamérica han entrado, es un error muy grave. Convertir la homosexualidad en una causa en sí misma te reduce a sólo una supuesta lucha por los derechos. Tú eres homosexual, lesbiana, gay, maricón, o como quieras llamarte, y sólo apelas a la tolerancia, y así surgen esas farándulas que se ven en las marchas del orgullo, por lo menos aquí en Bolivia.

¿Un horizonte de lucha a muy corto plazo?

—Exactamente, porque si no somos capaces de entender la homosexualidad en función de otras problemáticas políticas, se pierde mucho. Personalmente, no creo que gays y lesbianas seamos aliados naturales, yo creo que esto de las categorías es un bolsón impuesto desde un punto de vista de la normalidad. Creo que lesbianas y putas somos aliadas. Nosotras decimos “lesbianas, putas e indias somos aliadas”, porque las aliadas somos las rebeldes, las que encarnamos el mal, las que criticamos el sistema, y ahí se forjan las alianzas, no desde las diferenciaciones que construye el criterio de normalidad. Desde Mujeres Creando creemos que nuestro horizonte político no es el de ser “las lesbianas” de la sociedad boliviana. Ese sería el lugar aceptable, cómodo, muerto políticamente de antemano. Si hablamos de cuestiones lésbicas, por supuesto ahí hay luchas intrínsecas y propias, porque cuando planteamos que no somos las lesbianas de la sociedad boliviana, eso mismo no implica negar un conjunto de luchas y denuncias en una sociedad tan homofóbica, racista y patriarcal como es la boliviana.

¿Y qué hay del trabajo de las ONG y los movimientos sociales? ¿Hay chances de articulación?

—Las ONG que se han formado en los últimos años no han reflexionado ni propuesto nada nuevo, sino que han apostado por una posición banal y cómoda, que sólo apela a la tolerancia. Por otro lado, hay que terminar con algunos mitos en torno de los movimientos sociales, porque en realidad, no han adquirido gran fuerza en Bolivia, salvo en su etapa contestataria, que se dio durante la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (en octubre de 2003) y las luchas por la nacionalización de los hidrocarburos. Actualmente han sido cooptados por el gobierno de Evo Morales y no tienen vocación crítica ni interpelan a nadie. Mujeres Creando no tuvo cooptación, intentaron apropiarse de nuestros lenguajes, pero hay una relación tan directa entre práctica política y lenguaje, y sólo ellos han tratado de etiquetarnos. El movimiento campesino y el MAS (Movimiento al Socialismo) siguen siendo grupos reaccionarios y homofóbicos.

¿Esa homofobia se materializó en las discusiones durante la última Asamblea Constituyente?

—Durante la última Asamblea Constitu-yente no tuvieron forma de evitar el debate sobre homosexualidad. Era increíble, se hablaba de anormalidad y degeneración, además de tener siempre una visión paternalista en referencia a las diferencias sexuales. La Comisión de Derechos Humanos de Bolivia sólo entiende los derechos humanos desde la persecución dictatorial a la izquierda, nunca entendieron otras persecuciones, como las que vivimos actualmente, con democracia incluida. Nunca entendieron el tema homofobia. No sé si eso pasó también en la Argentina... Aunque las Madres de Plaza de Mayo han hecho una fábrica de sábanas con trabajadoras travestis.

¿Y en la calle también se vive esa homofobia?

—De terror. Buscar vivienda, para dos mujeres lesbianas, es muy duro. En los colegios se sigue condenando la homosexualidad, y a esos jóvenes les queda la cárcel, el suicidio. Recibo denuncias constantes de suicidios, expulsiones, porque te botan de lugares donde vives, donde trabajas. La boliviana es una sociedad que no quiere repensar muchas cosas y hay una ilusión muy light, sin contenido, que dice que está cambiando. Mentiras.

¿Y qué posición tenés en relación con las Marchas del Orgullo que se hacen en Bolivia?

—Nosotras no hemos participado en las Marchas del Orgullo porque en Bolivia son funcionales a las instituciones reaccionarias. Por un día se da el permiso estatal para festejar el ser gay. En ese juego sólo gana la institución. Y además se da el circo para la homofobia, donde no se puede resignificar nada. Los medios muestran el circo y los compañeros dicen el guión esperado, siempre con el estereotipo aceptable. El Día del Orgullo no me voy a sentar con las autoridades del municipio o del gobierno, con mi pancartita y mi arco iris, y decir que el gobierno es más tolerante y que ha cambiado. La marcha termina funcionando con códigos de lenguaje que no interpelan a nadie.

Actualmente hay una campaña muy fuerte del Estado en referencia a la tolerancia de las diferencias sexuales.

—Es tragicómica la campaña. Lo grave es que lo paga el Fondo Global (destinado a la lucha contra la malaria, la hepatitis y el VIH). La campaña es totalmente reduccionista, se asocia directamente a maricones y lesbianas con el VIH. En las publicidades hablan una chola, un joven, un trans, un maricón, una lesbiana, y cuando aparecen éstos aparece el cintillo de lucha contra el HIV. ¿Por qué no sale la imagen del Evo con el cintillo y la frase “el VIH no discrimina”?

¿Cuál es el planteo de Mujeres Creando frente a esto que analizan banal?

—Nuestras acciones plantean cuestionamientos en referencia a la utilización del espacio público, la persecución que hacen las instituciones a las trabajadoras de la prostitución, a la homofobia de los funcionarios que cierran nuestros lugares de encuentro, entonces somos siempre las lesbianas incómodas. Creo que el de-safío de maricones, lesbianas, travestis, prostitutas, vendedores callejeros es construir intersecciones de visión de las luchas. Hay que hacerse visibles, nosotras somos gente de la calle, que hace acciones y protestas en la calle, donde nuestro cuerpo se convierte en un verdadero lugar de lucha. Nos interesa erosionar, hacer explotar, nuestra lucha va por ahí, no queremos negociar ni hacernos las más aceptables.

En suplemento SOY de Página 12.