Zombar
Guilherme Zarvos
Mansalva
78 páginas
2008.
Reseña en Radar Libros del domingo pasado
Zombar
Guilherme Zarvos
Mansalva
78 páginas
2008.
Reseña en Radar Libros del domingo pasado
textos inéditos de Crispín Portugal
La presentación se realizará el jueves 17 de Julio de

Nevada
Por Nicolás G. Recoaro
Ahora que ya pasó un año. Un año justo de aquella nevada que dejó a Buenos Aires como si fuera una ciudad de la estepa rusa. Ahora que me acuerdo de aquellos días casi sacados del comic El Eternauta, con una ciudad que me recibía blanca después de un largo viaje sin retorno por las alturas de tu ciudad, de tus pagos. Las alturas de los mercados que durante meses caminamos. Las alturas de los boliches de La Ceja donde charlábamos sobre tus libros, sobre tu editorial cartonera, sobre tus sueños de viajar a Las Yungas, y quizás también, de tus ganas de irte.
Pero quiero confesarte algo, aquella vez que nevó en Buenos Aires no fue la primera vez que vi las gotitas blancas y congeladas cayendo desde el cielo. No, no puedo mentirte, de chico me metía en la heladera Siam en la casa de mi abuela para picar el congelador y jugar con mi hermano a que estábamos en las cumbres nevadas del Aconcagua. Pero esa no era nieve de verdad. Tampoco puedo decirte que la nieve que cubre como sábana la cumbre del Illimani haya pasado por mis manos, esos son lujos que solo los gringos pueden darse en tu querida Bolivia (ahh, también pueden darse el placer de jalar esa nieve afrodisíaca que ustedes llaman cocáina, con típico acento boliviano). Bueno, compadre, vayamos al punto, la primera vez que vi caer nieve fue en tu ciudad, y vos estabas muy cerca, Crispín. Fue aquella noche en que presentamos algunos libros y el avance de la película en el Teatro de la Alcaldía de El Alto. Un viernes en que las nubes se empecinaron en derramar litros y litros de agua sobre las calles de El Alto. Me acuerdo que llegaste empapado al teatro, con varias bolsas repletas de libros cartoneros. Con tu campera amarilla y la raya tanguera que te hacías en la cabeza, siempre con aire de poeta maldito, con aire de gran escritor. También me acuerdo que por el diluvio, que a la hora en que debíamos empezar la presentación había cobrado dimensiones bíblicas, la asistencia no fue del todo populosa. Unos veinte gatos locos (la fauna del arca incluía especimenes rarísimos de las letras bolivianas: Humbertos Quinos, Marcos Montellanos, Vickys Ayllones) disfrutaron de la presentación de libros más secreta y pasada por agua de la literatura universal. Pero la noche fue memorable, querido compadre. Recuerdo que leí un cuento, y que por la emoción (o quizás por el contagio que produjo la lluvia en mi persona) algunas lágrimas me rodaron por la mejilla, pero en aquellos precisos momentos, también sentí que las lágrimas se congelaban. “¡Milagro!”, dirían los creyentes. “Este tipo nos miente”, sugerirían los agnósticos. Recuerdo que bajé del escenario y una muchacha me hizo señas para que me acerque a hasta la puerta del teatro. Caminé despacio y con mis dedos me sequé las gotitas de heladas que reposaban en mis mejillas. Me acuerdo que sentí una brisa fría que venía de la calle. Me acuerdo que ya no se escuchaba la furia del agua golpeando el techo de la sala. Cuando llegué a la puerta, vos estabas mirando como la nieve caía sobre algunos minibuses en La Ceja. Nieve, nieve blanca, nieve alteña, nieve por primera vez entre mis manos. No sé si te acordarás de mi cara, pero yo me acuerdo de la tuya. Esa fue la primera vez que vi nevar, Crispín.
Un par de semanas después un mail me dejó más helado que aquella nieve. Pero también me dieron más ganas de hacer la película que alguna vez soñamos. Hoy ya pudo decir que una parte muy chiquita de lo que sos quedó vivo en la película. Hoy puedo contarte que pese a que es invierno, en Buenos Aires hace un calor raro para esta época invernal. Acabo de consultar el pronóstico del tiempo y dicen que mañana no va a nevar. Pucha, mejor termino estas líneas y me voy a dormir. Espero que los del Servicio Meteorológico se equivoquen. Quiero despertarme y ver a la ciudad cubierta de nieve, como aquella noche en El Alto.



Evo encontró la salida
El ardiente fin de semana de Evo y la Bachelet en las playas de Arica. Un romance que hace temblar el destino geopolítico de la región.
Cuentan que el amor no sabe de fronteras ni de problemas diplomáticos. Mucho menos de centenarios litigios por salidas al mar y de cruentas guerras. El amor todo lo puede. Y el ardiente romance que viven el Evo y la Bachelet parece romper todos los prejuicios que existen entre el pueblo chileno y boliviano. En las plácidas playas de Arica, la pareja de presidentes vivió un fin de semana cargado de pasión.
Cuentan que la pareja de presidentes se conoció hace dos años, durante los festejos de asunción de la primera mandataria chilena. Entre copas de sabroso pisco y saludos de cortesía, el Evo hizo valer su fama de rompecorazones. Durante el famoso ágape de asunción, las miradas y gestos cariñosos de los presidentes hicieron despertar el interés de los principales medios de espectáculos del planeta. Pero todo quedó ahí, solo rumores.
Sin embargo, algunos chismosos de la cancillería boliviana confirmaron a El Bolita que luego de ese primer encuentro, la pareja comenzó a intercambiar recurrentes llamados telefónicos. Se cuenta que en cada cumbre de presidentes sudamericanos, el Evo acercaba de a poco el bochín, para lograr conquistar a su amada. Pero hubo un detonante que hizo sellar el amor. Cuando estalló la crisis energética chilena del último año, Evo hizo llegar 2000 camiones cisterna repletos de gas boliviano, para ayudar a los trasandinos. Una notita escrita a mano por Morales acompañaba el envío: “Pololita mía: se que miles de metros cúbicos de gas no podrán darte el calor que guarda mi corazón. Siempre tuyo. Evo”.
Luego del romántico gesto, la Bachelet comenzó a visitar en secreto el Palacio Quemado. Un miembro de la seguridad del presidente Morales (que pidió mantener en secreto su identidad y se hizo llamar Alvarito) confirmó a este cronista que las visitas se daban con recurrencia por las noches. “Una velada escuchamos como la Bachelete le pedía a los gritos al Evo, que le recitara frasecitas calientes en aymará”, comentó el seguridad.
Luego de varios meses de mantener en secreto el romance, la pareja hizo pública su pasión, en los primeros días de enero. Las cálidas playas de Arica fueron el nidito elegido por los tortolitos. La Bachelet y el Evo caminaron tomados de la mano por la playa y se hicieron mimos en los balnearios de moda. Cuentan que entre besos y caricias, el Evo propuso a su amada trasladar las sedes de ambos gobiernos a la playa norteña. Aún no se sabe cual fue la respuesta de la presidenta chilena, pero los chismosos en La Paz ya hablan de la reconquista de las playas bolivianas.
Lejos, muy lejos de los problemas diplomáticos, el Evo y la Bachelet siguen dando que hablar, con un romance que hace temblar a los halcones de Washington. Ya lo decía el General Perón: “El siglo XXI nos encontrará a los mimos o dominados”.
Por El Mal Evo


